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La heredera

La heredera

Jam?s pens? que su t?a Julia, hermana de su madre, le fuera a dejar algo en herencia y menos sabiendo que su hijo Remi, con el que hab?a jugado en la infancia y en la adolescencia, segu?a vivo y pod?a haberle instituido como ?nico heredero. Por lo que la llamada de Remi avisando del fallecimiento de su madre y comunic?ndole que ambos iban a ser copropietarios de varias hect?reas de secano al lado del pueblo la dej? estupefacta. De inmediato meti? cuatro cosas en una maleta, cogi? el coche y se dirigi? a aquel lugar que hac?a a?os no pisaba. Hab?an pasado muchos a?os desde la ?ltima vez que vio a su t?a y a su hijo Remi, con el que hab?a tenido sus m?s y sus menos en cuestiones sexuales en las fiestas del pueblo, a las que antiguamente acud?a. Recordaba haberse dado m?s de un furtivo revolc?n sin llegar a m?s en el pajar de su t?a. Remi era grande, de rostro sonrosado y un poco bruto en sus modales, pero siempre le hab?an atra?do de ?l su sinceridad y sus primitivas maneras de expresarse: nadie como ?l para levantar a cualquier mujer la moral, sus sencillos piropos y la lasciva mirada de sus ojos elevaron su ?nimo en m?s de una ocasi?n. Remi no se moderaba lo m?s m?nimo en decirle a las claras lo buena que estaba y las ganas que ten?a de meterle mano en todos y cada uno de sus escasos encuentros. A?n sent?a escalofr?os al recordar los viejos tiempos, pod?a ver a Remi llev?ndola a un lugar oscuro, estrech?ndola contra ?l, agarrando toscamente su trasero con la mano, besando sus labios como si en ello le fuera la vida. No pod?a remediar sentir una hipn?tica y primitiva atracci?n hacia su primo. Pero nunca consumaron aquella pasi?n, los prejuicios de Alicia procedentes de su adolescencia y sellados en su mente por las monjas del colegio en el que se educ?, lo impidieron. Ten?a la extra?a idea de resignada espera hasta conocer un buen d?a a su hombre ideal. ?A saber donde se hab?a metido el pu?etero! Si lo hubiera sabido, no habr?a hecho ascos jam?s a la polla casera y de pueblo de Remi.

El pueblo era feo, peque?o, de casas viejas, nada atrayente para pasar siquiera medio d?a en ?l. De los pocos pueblos de Espa?a carente de bar, de tiendas y casi hasta de vida, lo m?s, alguna urraca, varios grajos negros y unos cuantos gorriones m?s listos que alguno de sus habitantes. Una gran Iglesia de piedra se erig?a como ama del lugar, acogiendo en su seno las diminutas casas rehabilitadas en la ?poca de bonanza y transformando su aspecto, pasando del burdo adobe al ladrillo cara vista.

A Alicia no le gustaban los pueblos, lo suyo era el bullicio, las luces en los escaparates y los desconocidos transe?ntes cruz?ndose con ella por la calle sin ni siquiera mirarla. Por eso hac?a mucho que no hab?a vuelto, le daba tristeza, no soportaba que su coche se embarrara por la ausencia de asfalto en las calles y odiaba la falta de anonimato del lugar, donde todos segu?an record?ndola a pesar de los a?os que hab?an pasado. Besos y m?s besos, preguntas indiscretas ?No te has casado a?n? ?Y tienes novio? ?Ya est?s en edad, mujer, que se te pasa el arroz! Detesto el arroz, respond?a siempre. Intentaba poner buena cara en esos momentos, pero lo ?nico que deseaba realmente era perderse de nuevo en la gran ciudad, m?s acogedora y amable que aquel rec?ndito lugar de la Espa?a profunda.

Cuando lleg? al pueblo, sinti? una inquietante sensaci?n de permanencia, all? nada hab?a cambiado: ninguna casa nueva, lo m?s, algo tejado arreglado, ninguna piedra fuera de su sitio? Era dif?cil perderse en un pueblo donde los habitantes no llegaban a cincuenta, as? que dirigi? su coche hacia la casa de su t?a fallecida. La puerta estaba abierta, la cortina que la cubr?a y proteg?a de la entrada de las moscas del ganado luc?a acartonada por el paso de los a?os en que hab?a cumplido su funci?n. La casa de la t?a Julia se asemejaba a una casita de mu?ecas, diminutas habitaciones y techos tan bajos que se pod?an tocar con las manos. Adornos variados, flores de pl?stico en un jarr?n y ganchillo en cada uno de los sillones, nada hab?a cambiado all? tampoco. Un murmullo de voces rezando provenientes del dormitorio principal le alert? de la presencia de gente y encamin? sus pasos hacia ?l. Postrada en su lecho, blanca como el marfil, yac?a su t?a y a su alrededor, casi una docena de mujeres de negro riguroso y rosario en mano rezando sin parar, sentadas en unas vetustas sillas haciendo corro alrededor del cad?ver. ??Pero es que no van a trasladar a esta mujer a un tanatorio de una vez?? ?S?, s?, ahora viene el de la funeraria?. Lo que menos se esperaba era encontrar el fiambre a?n reciente en la casa, le impon?a cierto temor y respeto. Pr?cticamente todas las mujeres se levantaron al un?sono al verla, reconoci?ndola de inmediato. Los besos de unas y otras se sucedieron. Eran unos besos espesos, h?medos y demasiado intimidantes, as? que tras una peque?a conversaci?n con aquellas mujeres, se excus? y fue al lavabo a lavarse la cara.

Abri? la puerta del ba?o y dio un respingo al ver que no estaba vac?o. Era Remi su ocupante que, con su nabo en ristre, se estaba dedicando en cuerpo y alma a sacarle brillo con una mano.

-Perd?n -dijo Alicia, sintiendo al instante el rubor inundando sus mejillas.

Remi la mir? y tras hacer una especie de mueca con sus labios a modo de sonrisa comenz? a llorar desconsoladamente. Dud? si marcharse de all? y dejarle a solas con su dolor y su miembro, pero sus l?grimas le enternecieron y decidi? entrar, cerrando la puerta tras de s?. Acarici? su cara suavemente intentando tranquilizarle como si de un ni?o se tratara. Remi la abraz? con su ?nico brazo libre, su mano agarraba a?n su aguerrido miembro sin intenci?n alguna de soltarlo. Alicia, algo confusa por la situaci?n, le correspondi?. Quiz?s la masturbaci?n era su v?a de escape para superar el dolor de perder a su madre, tampoco ten?a nada de malo. Alicia le dijo unas breves palabras de consuelo conmovida al ver a un chico tan grande llorar como una pla?idera m?s.

Pero el nabo de Remi segu?a alegre y contento, e incluso Alicia comenzaba a sentirlo m?s notoriamente. ?C?mo no hab?a de sentirlo, si era lo m?s grande que hab?a visto en su vida! ?Ser?a la falta de contaminaci?n la que hac?a crecer esos instrumentos colosales? ?El chorizo de pueblo y la leche de vaca reci?n orde?ada pod?an obrar maravillas en el crecimiento del pene? Porque en la adolescencia, m?s de una vez quiso mostr?rselo y ella siempre le respond?a con un ?no! rotundo. ?Tonta! Lo cierto es que all? segu?an ambos, Remi, empalmado y llorando entre sus brazos como un beb? y ella, que empezaba a estar m?s salida que el pico de una mesa, sintiendo el rabo entre sus piernas y despertando sus ganas de disfrutarlo m?s ?ntimamente.

Remi, que segu?a sollozando, resbal? la mano por la espalda de su prima hasta llegar a su trasero, apret?ndolo, estruj?ndolo, hasta que Alicia sinti? una galopante y repentina inflamaci?n de su cl?toris. Su pecho sub?a y bajaba con un fren?tico ritmo, presa de la agitada respiraci?n sobrevenida por el deseo, pelvis contra pelvis, torso contra torso, imposible no percibir la calentura y el gigantesco pene de su primo. Remi ces? por fin su llanto y con la c?lida mano que antes aferrara su pene, sob? sus pechos como si estuviera amasando pan con ellos. Alicia agarr? aquel hu?rfano falo, mor?a por tenerlo dentro, aunque dudaba que le cupiera siquiera la mitad. No acababa de gustarle la idea de follar con Remi en esa situaci?n, con la t?a Julia de cuerpo presente, sent?a que le estaba faltando el respeto y as? se lo hizo saber a su primo. Remi ni le dej? terminar, uni? su boca a la suya en un apasionado beso y no pudo articular ni una sola palabra m?s. Manose? y bes? sus pechos, reconoci? su cuerpo r?pidamente con ambas manos, sabore? el cuello de su prima y ambos se fundieron en una confusa y salvaje danza de manos, piernas, brazos y sexos, en la cual ten?a un principal protagonismo aquella torre viril. Remi gir? a su prima intentando buscar una buena postura de ataque, ante lo cual, para intentar mantener el equilibrio, ?sta se inclin? en un lateral de la ba?era, agarr?ndose a uno de los grifos mientras ?l comenzaba a levantarle las faldas, bajarle sus bragas y preparar la pista de lanzamiento hasta que por fin ensart? apresuradamente aquel tronco carnal. Alicia sinti? c?mo se abr?a su sexo igual que una flor en primavera, haci?ndose a la nueva sensaci?n de plenitud e inmensidad en su interior. El pene de Remi invad?a por entero su sexo, peleaba para hacerse mayor sitio en cada embestida, luchando como un jabato por entrar plenamente. En cada empuj?n iba conquistando m?s y m?s terreno ante la sorpresa de su prima, que hac?a unos segundos cre?a que jam?s podr?a tener algo de semejantes dimensiones en sus entra?as. Alicia se aferraba con firmeza a los grifos de la ba?era, su primo era un hombre en?rgico y musculoso, demasiada fuerza y muy poco cerebro para controlarla. Remi continu? clavando el colosal instrumento una y otra vez hasta arrancar m?s de un que otro gemido a su prima, ora por placer ora por dolor en una explosiva y apasionante mezcla de sensaciones. El miembro de Remi, ganador victorioso de la batalla, sal?a en cada acometida m?s h?medo, m?s brillante, ?c?mo no iba a estarlo si un peque?o arroyuelo parec?a fluir justamente de aquella derrotada fortaleza?

En ese ?lgido instante, la puerta del ba?o se abri? y una de las vecinas del pueblo, la Sole, que deb?a de tener ganas de evacuar, se encontr? con la escena a cuatro patas que se estaba desarrollando en aquel lugar. Medio segundo dur? su mirada, pero bast? para que fuera tan fulminante como un rayo. Cerr? de malas maneras mientras farfullada algo en bajo y se santiguaba una y otra vez. Alicia, inundada por cierto sentimiento de culpa quiso incorporarse, sobre todo al escuchar a trav?s de la puerta las palabras de aquella mujer malhumorada que les hab?a pillado in fraganti: ??menuda falta de respeto para el muerto!? A Remi el incidente ni le inmut? y sin mediar una palabra con su prima, impidi? que ?sta se levantara reanudando sus campestres embistes. Y uno tras otro diluyeron la imagen de Sole de la cabeza de Alicia hasta que desapareci?, rindi?ndose otra vez a su masculino mozo, momento en el cual fluy? la sangre en su cuerpo m?s apresuradamente hasta que inund? su sexo, dej?ndose ir a un universo de infinito placer. Fue tal la amalgama de sensaciones gozosas que se agolparon en su cuerpo que sin querer, olvid? lo que agarraba y sali? de la alcachofa de la ducha un chorro a toda presi?n de agua que reg? a ambos en el mismo instante en que Remi se vaciaba, llenando el sexo de su prima por completo de leche, muy buena leche, eso s?. Menos mal que a?n segu?a tomando la p?ldora, pens? Alicia, el optimismo no lo hab?a perdido a pesar de la larga sequ?a que arrastraba.

Se recompusieron sus mojadas vestimentas y con cierta verg?enza, sobre todo por parte de Alicia, entraron en la habitaci?n donde incesantes, segu?an rezando aquellas enlutadas mujeres. Sole la mir? como si hubiera entrado el mism?simo diablo, se levant? y acerc?ndose a ella, le susurr? al o?do:

-Ya te puedes confesar antes de enterrar a tu t?a, o todas las iras del infierno caer?n sobre ti, ?te lo juro por mis muertos!

Sole se march? por fin al ba?o y Alicia no pudo evitar pensar en la maldici?n que le acababan de echar. No cre?a en el infierno ni en nada parecido, pero era extremadamente supersticiosa, as? que no pod?a dejar de darle vueltas a lo que le hab?a dicho aquella vieja bruja. Pasado un buen rato se levant? y se dirigi? a la cocina para saciar su sed y aliviar el sofoco por el ejercicio realizado y cual fue su asombro cuando sorprendi? en el sal?n a una de las pla?ideras meti?ndose bajo el refajo, un jarr?n de plata de su t?a. Hizo como si no hubiera visto nada y se sirvi? un poco de agua en un vaso de cristal trasl?cido. S?lo al beber y ver que desaparec?a aquella cuasi opacidad percibi? que realmente aquel vaso era de fino cristal y que era el agua que corr?a por aquellas zonas la que resultaba peligrosamente turbia. Dej? el vaso con asco encima de la repisa pregunt?ndose si aquel brebaje era realmente potable.

Por fin vino la empresa funeraria a recoger a la t?a y Alicia aprovech? ese instante para dar un paseo por el pueblo. Dio unas cuantas vueltas, tanto al pueblo como a su cabeza. Dudaba si deb?a ir al confesionario y quitarse el peso de la maldici?n de una vez por todas, igual que hac?a cuando reenviaba aquellos est?pidos correos electr?nicos a decenas de personas para seguir las odiosas cadenas. Tras meditarlo unos minutos encamin? sus pasos a la Iglesia y entr? en ella, estaba oscura y fr?a. Se acerc? al ?nico confesionario que hab?a en el lugar pero all? no parec?a haber nadie. Mir? hacia el altar y vislumbr? un hombrecillo con sotana colocando unas flores en un tarro de cristal. Camin? despacio hacia ?l, intentando no hacer demasiado ruido al pisar las viejas tablillas de madera de la tarima. Al ver al hombrecillo de cerca, se dio cuenta de que se trataba del padre Rodolfo, eterno p?rroco del lugar, casi con tantos a?os como la Iglesia donde daba sus misas. Le salud? y se present?, refrescando su memoria ante la mirada de dudas del buen hombre. Por fin el padre Rodolfo record? quien era, sonriendo complacido. De nuevo se vio envuelta en el mismo ritual: besos espesos y h?medos, preguntas indiscretas. ?C?mo le iba a contar al padre Rodolfo lo que acababa de acontecer en casa de la fallecida? Hizo tiempo hablando con ?l de cosas intrascendentes hasta que por fin super? sus reparos y le coment? dicha posibilidad. El padre Rodolfo no le puso pega alguna, al contrario, estaba orgulloso y contento de que Alicia siguiera siendo una buena cristiana, as? que se metieron ambos en el confesionario, estupidez supina, dado que all? no hab?a ning?n tipo de anonimato.

-Ave Mar?a Pur?sima.

-Sin pecado concebida.

-Cu?ntame hija.

-En fin, es que no s? como explicarle?

-Cu?ntamelo todo, sentir?s alivio.

-Bueno, pues? he llegado a casa de la t?a Julia, he ido al ba?o y me encontrado a Remi llorando.

-Sigue hija.

-Bueno, que nos hemos dado una alegr?a, ya sabe.

-Normal, hace mucho tiempo que no le ve?as, es normal que sint?is alegr?a al veros de nuevo.

-No, no, algo m?s de alegr?a, ?me entiende?

-Expl?cate hija.

-En fin, bueno, que nos hemos dado un revolc?n?, en fin, que hemos hecho el amor?- a?adi? por fin. El volumen de sus palabras descendi? hasta casi hacerlas inaudibles. El silencio del padre Rodolfo le hizo dudar sobre si le hab?a escuchado realmente o no- ?Padre?

-No tienes verg?enza alguna, hija m?a. Tendr?s que rezar mucho para eximir tus pecados y ya puedes ir pensando en formalizar tu relaci?n con Remi. Es un buen chico aunque un poco bruto, estar?a muy bien al lado de una mujer ahora que su madre ha fallecido. Y a ti te vendr?a muy bien sentar la cabeza, que a tu edad ya deber?as procrear. ?Madre m?a, qu? juventud ?sta! De todas formas, cu?ntame lo que ha pasado con todo detalle.

-Nos hemos abrazado, ?l lloraba, le he consolado, pero sentirle cerca ha sido demasiado, he ca?do a la tentaci?n de la carne? (Y menudo trozo de carne pens? en silencio)

Alicia se explay? narrando el encuentro con su primo, estaba absorta en sus explicaciones, ensimismada describiendo todo tipo de detalles, pero su intuici?n le hizo aproximarse y curiosear a trav?s de los peque?os agujeros del peque?o recinto que conformaba el confesionario: el padre Rodolfo ten?a algo en la mano y no era precisamente un crucifijo. Intent? acercarse un poco m?s y crey? ver una peque?a colina en la sotana, ?las palabras entrecortadas que animaban a seguir con su explicaci?n eran fruto del cansancio t?pico de su vejez o al presunto calent?n que le estaba provocando con su relato? Ten?a que ser un espejismo provocado por el pestilente olor a bo?iga que hab?a en el pueblo y que se hab?a apoderado de sus fosas nasales provoc?ndole mareos repetidos. Las im?genes que le trasmit?a su retina parec?an dif?ciles de creer, pero?al fin y al cabo el padre Rodolfo era un hombre y ella hab?a sido demasiado exhaustiva en sus descripciones.

Parec?a la protagonista de una pel?cula surrealista. Se vio de lejos y no se reconoci?: estaba de rodillas en un confesionario, sent?a el semen bajando por sus piernas y realmente no se arrepent?a de nada, es m?s, deseaba volver a tener sexo salvaje con su primo en una pr?xima ocasi?n. Todo esto mientras escuchaba sinsentidos de un cura de pueblo que encima parec?a estar bastante m?s excitado que ella hace un rato. Y por fin, vio la luz?

-Gracias padre, lo tendr? en cuenta, voy a volver a casa de la t?a, a ver si puedo ayudar en algo. Reflexionar? sobre lo que me ha dicho.

Y all? dej? al padre Rodolfo, con la palabra en la boca y plantado mientras le daba apresuradamente la bendici?n. Alicia sali? lo m?s aprisa que pudo de all?, mir? su reloj y comprob? que quedaba poco para la hora del entierro.

Por fin enterraron a su t?a, gracias a Dios, eso s?, y pudo despedirse de todos, esta vez desde lejos para evitar de nuevo aquellos terribles besos. Cogi? su coche y sali? como una exhalaci?n de all?, no sin antes dejar claro a su primo que estaba a su disposici?n para lo que quisiera, aunque prefer?a como lugar de encuentro su an?nima ciudad?

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